
Clase 1: Antecedentes y Contexto de la Revolución Mexicana (1909-1910)
- Introducción a la situación política y social en México a principios del siglo XX.
- Identificación de los factores que contribuyeron al estallido de la Revolución Mexicana.
- Análisis de los principales líderes y movimientos precursores.
Clase 2: Desarrollo y Etapas de la Revolución Mexicana (1910-1917)
- Cronología de los eventos clave durante la Revolución.
- Examinar las diferentes etapas y facciones de la Revolución (Maderismo, Zapatismo, Villismo, etc.).
- Evaluación del impacto social, económico y político de la Revolución.
Clase 3: Consolidación del Estado Posrevolucionario y el Maximato (1920-1934)
- Estudio del periodo post-revolucionario bajo los presidentes Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles.
- Análisis del sistema político posrevolucionario y la consolidación del Partido Nacional Revolucionario (PNR).
Clase 4: El Cardenismo y la Nacionalización de los Recursos (1934-1940)
- Examinar el gobierno de Lázaro Cárdenas y sus políticas progresistas.
- Discutir la nacionalización del petróleo y otras reformas económicas y sociales.
- Evaluación del legado de Cárdenas en la historia mexicana.
Clase 5: La Estabilidad del PRIato y la Dominación Política (1940-1968)
- Análisis de los presidentes Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán Valdés, Adolfo Ruiz Cortines, y Adolfo López Mateos.
- Explorar la consolidación del PRI como partido hegemónico y los mecanismos de control político.
Clase 6: La Crisis del Autoritarismo y el Movimiento Estudiantil de 1968
- Contextualización del movimiento estudiantil y sus demandas.
- Examinar la respuesta del gobierno de Díaz Ordaz y la masacre de Tlatelolco.
- Análisis del impacto del movimiento estudiantil en la política mexicana.
Clase 7: El Gobierno de Luis Echeverría y la Apertura Política (1970-1982)
- Estudio de las reformas políticas y sociales bajo la presidencia de Echeverría.
- Evaluación de las políticas de redistribución de la riqueza y la influencia del nacionalismo.
- Discutir la crisis económica y la transición hacia una política más abierta.
Clase 8: La Transición Democrática y el Fin del PRIato (1982-1994)
- Análisis del gobierno de Miguel de la Madrid y la crisis económica de los años 80.
- Examinar la transición política hacia la democracia y el fin del monopolio del PRI.
- Evaluación del legado del PRIato y sus implicaciones en la política mexicana contemporánea.
En 1909, México se encontraba en un estado de agitación política y social. El gobierno del presidente Porfirio Díaz, que había gobernado con mano firme durante décadas, enfrentaba crecientes críticas debido a la falta de democracia y el predominio de la élite en la sociedad mexicana. Las tensiones aumentaron aún más cuando Francisco I. Madero publicó el Plan de San Luis Potosí en 1910, llamando a la revuelta contra Díaz y denunciando las elecciones fraudulentas.
La Revolución Mexicana estalló ese mismo año, con Madero liderando una rebelión armada contra el régimen de Díaz. Tras intensos combates, Díaz renunció y Madero asumió la presidencia de México en 1911. Sin embargo, su gobierno enfrentó la oposición de diversas facciones, incluyendo a los líderes rebeldes como Emiliano Zapata y Pancho Villa. La lucha por el poder continuó con el ascenso y caída de varios líderes, incluido el breve gobierno de Victoriano Huerta.

En 1917, se promulgó la Constitución mexicana, que reflejaba las demandas de reforma social y política surgidas durante la Revolución. Este documento sentó las bases para el periodo posrevolucionario, que estuvo marcado por la consolidación del poder político y la creación de un sistema de partido dominante.
Durante la década de 1920, Álvaro Obregón asumió la presidencia y llevó a cabo reformas agrarias importantes, mientras que Plutarco Elías Calles ejerció un poder político significativo detrás de los presidentes títeres en lo que se conoció como el Maximato.
En 1929, se fundó el Partido Nacional Revolucionario (PNR), antecesor del Partido Revolucionario Institucional (PRI), como un instrumento para mantener el control político en manos de la élite gobernante.

La presidencia de Lázaro Cárdenas (1934-1940) marcó un punto de inflexión en la historia política y social de México. Cárdenas implementó audaces reformas sociales y económicas, incluida la reforma agraria, que redistribuyó millones de hectáreas de tierra a campesinos y comunidades indígenas. Además, llevó a cabo la nacionalización de la industria petrolera en 1938, un acto de soberanía que enfrentó la oposición de empresas extranjeras pero que fortaleció la identidad nacional y los recursos del Estado. Su gobierno también fue notable por su apoyo al movimiento obrero y a los sindicatos, así como por su política exterior de solidaridad con las luchas antifascistas durante la Guerra Civil Española.

Durante las décadas siguientes, el PRI consolidó su dominio político en México, utilizando diversas tácticas para mantenerse en el poder. Esto incluyó políticas de desarrollo económico y social durante los gobiernos de Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán Valdés, así como periodos de represión política bajo presidentes como Gustavo Díaz Ordaz.

La década de 1960 fue testigo de un aumento en la oposición al gobierno, culminando en el Movimiento Estudiantil de 1968, que fue brutalmente reprimido por el gobierno de Díaz Ordaz.

El gobierno de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) estuvo marcado por el autoritarismo y la represión política. Su presidencia fue sacudida por el Movimiento Estudiantil de 1968, que culminó en la trágica masacre de Tlatelolco, donde cientos de estudiantes y civiles fueron asesinados por las fuerzas gubernamentales. El manejo de Díaz Ordaz de la crisis estudiantil y su negativa a tolerar la disidencia política dejaron una mancha indeleble en su legado y avivaron las tensiones sociales en el país.
La década de 1960 en México estuvo marcada por un ambiente de cambio y agitación política. El gobierno autoritario del presidente Gustavo Díaz Ordaz enfrentaba crecientes protestas y demandas de reforma por parte de diversos sectores de la sociedad mexicana.

El punto de inflexión llegó en 1968 con el Movimiento Estudiantil, un período de intensas protestas lideradas por estudiantes universitarios que exigían reformas políticas, sociales y educativas. La situación llegó a su punto culminante el 2 de octubre de 1968, cuando una manifestación pacífica en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco fue brutalmente reprimida por las fuerzas gubernamentales, resultando en cientos de muertos y desaparecidos.
La masacre de Tlatelolco conmocionó a México y al mundo, y puso al descubierto la dura represión del gobierno contra la disidencia política. A pesar de los esfuerzos del gobierno por suprimir la información sobre el evento, la masacre tuvo un impacto duradero en la conciencia nacional y alimentó el descontento con el régimen autoritario de Díaz Ordaz.

En las décadas siguientes, México experimentó cambios significativos en su paisaje político. En 1970, Luis Echeverría asumió la presidencia y promovió una serie de reformas sociales y económicas, incluida una mayor redistribución de la riqueza y una mayor participación del gobierno en la economía.
Sin embargo, el gobierno de Echeverría también fue criticado por su manejo de la seguridad pública y su represión de movimientos sociales disidentes. El fin de su mandato estuvo marcado por disturbios y conflictos internos dentro del propio Partido Revolucionario Institucional (PRI).

La administración de Luis Echeverría (1970-1976) estuvo marcada por una retórica de reforma social y nacionalismo. Echeverría implementó políticas populistas que buscaban abordar las desigualdades económicas y sociales en México, incluida una mayor redistribución de la riqueza y la expansión de programas de asistencia social. Sin embargo, su gobierno también fue criticado por su gestión autoritaria y su represión de los movimientos sociales, particularmente en el caso del Movimiento Estudiantil de 1968 y los disturbios de 1971 en el barrio de Tlatelolco.
La presidencia de José López Portillo (1976-1982) estuvo marcada por un período de bonanza petrolera seguido de una crisis económica. Durante su mandato, México experimentó un auge en los precios del petróleo que generó ingresos sin precedentes para el país, pero también alimentó la corrupción y la dependencia económica del petróleo. La crisis económica de principios de la década de 1980, precipitada por la caída de los precios del petróleo y la acumulación de deuda externa, dejó al país en una situación precaria y marcó el comienzo de una era de austeridad y reformas estructurales.
En la década de 1980, durante la presidencia de Miguel de la Madrid (1982-1988), México enfrentó una profunda crisis económica y financiera. De la Madrid implementó políticas de ajuste estructural recomendadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial para estabilizar la economía y reestructurar el sistema financiero del país. Sin embargo, estas medidas resultaron en un aumento del desempleo, la inflación y la pobreza, lo que generó descontento social y tensiones políticas en todo el país.
La administración de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) estuvo marcada por una serie de reformas económicas y políticas radicales conocidas como el «Salinato». Salinas implementó políticas de liberalización económica, privatización de empresas estatales y firma de acuerdos de libre comercio, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que transformaron profundamente la economía mexicana. Sin embargo, su gobierno también fue criticado por su manejo autoritario del poder y por casos de corrupción que empañaron su legado.
En el ámbito político y social, el movimiento zapatista en Chiapas, liderado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), surgió en 1994 en protesta contra las políticas neoliberales de Salinas y en defensa de los derechos de los pueblos indígenas. El levantamiento zapatista captó la atención nacional e internacional y puso de relieve las profundas desigualdades y tensiones sociales en México. Aunque el conflicto armado se transformó en una lucha política y de resistencia civil, el zapatismo sigue siendo un símbolo de la lucha por la justicia social y la autonomía indígena en México.
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